Muestra poética de Alejandro Barrón

I

Hay un nocturno muchacho
que te mira a través 
de tu ventana.

Tú no lo ves por creer
que es un árbol,
pero es un nocturno 
muchacho.

Hay un nocturno muchacho
que cuando duermes 
te arropa con su insomnio.

Tú no lo notas por creer
que se trata del ángel de tu guarda,
pero es un nocturno
muchacho.

Cuando manejas,
cuando discutes,
cuando te vas de casa,
cuando haces el amor,
hay un nocturno muchacho, 
que te mira.

Hay un nocturno muchacho
que está bajo la lluvia
esperando.

El bosque de la libélula

En mi cabeza
soy dueño
de un bosque
en el que solo
tú habitas

te veo a diario
levantando
los tablones
con los que te has
construido una casita

te veo yendo al pozo
a por agua
y tirando una moneda
cerrando tus ojos

te veo mirando las llamas
de tu fogata por las noches
abrazándote a ti misma
esperando infatigable
con un dejo de pena

entro por tu ventana
te veo dormir
me quedo de pie
toda la noche
frente a tu cama
y me voy
cuando mencionas
mi nombre entre sueños

ahí te quedarás
para siempre
en el frío y gigantesco
bosque de mi mente
que sembré para ti
y donde algún día
habrás de sepultarme.

Plaza de Santo Domingo, DF

Piedra de tezontle:
fuiste pirámide 
por la que rodaban cabezas 

y después
hospital psiquiátrico
para alojar a
locas virreinales

ahora eres testigo    
humilde espectador
del remolino de gente 
que se recarga en ti para 
comer sus quesadillas de
flor, de hongos, de tinga,
de bistec. 

Cine Azcona, Tepic

Te conocí tarde    muy tarde
cuando te habías convertido en
la boca de una vieja tortuga gigante
palacio de Doña Perfumes
cenotafio de los recuerdos
juveniles de nuestros padres

pasábamos en el Vía Estadios
y eras el monumento a los
buenos tiempos
un viejo gentil que saludaba a todos
a pesar de estar agonizando

después, al no saber qué hacer contigo
te convirtieron en una vil tienda
de electrodomésticos

quién sabe a dónde fueron a parar
los huesos de Doña Perfumes
y todos los tiliches que conformaban
su trono, su corte

siempre habrá un sitio para todos
en la fosa común.

Última estación

Si la melancolía
es una enfermedad

¿Con qué se cura?

Y si la cura
son los abrazos

¿Dónde están?


Alejandro Barrón (Tepic, 1987). Estudió Comunicación en su ciudad natal. Ha publicado relatos y microrrelatos en revistas, periódicos, antologías y bitácoras electrónicas de México, Perú, Chile y España. Actualmente reside en el País Vasco.