Cinco poemas de Laura Wittner

Los siguientes textos forman parte del libro Traducción de la ruta (Gog & Magog, 2020)

Por qué si me postran mil veces me levanto

Los patios internos.
Los baños y cocinas con pileta cuadrada.
Los ambientes semicirculares
con ventanal corrido.
Un aro de básquet en la calle
para que tire cualquiera.
El café exacto que todo lo arrasa
y todo lo eleva durante media hora.
El cielo cuando se decolora hasta quedar en blanco.
La pronunciación de un idioma extranjero
rodeándome como una atmósfera
cargada de sentidos ocultos.
Las charlas con mi hija en el balcón.
Las charlas con mi hija en un colchón
atravesado en el living, sin sábanas.
La mano de mi hijo adolescente
en mi mano cuando nadie lo ve
trazando la misma caricia que en la infancia.
La memoria de todas las caricias
que dejaron su dibujo indeleble.

Por qué no tiene que llover los domingos a la noche

Truena y mis hijos están en su otra casa.
Primero un trueno lejos,
después uno más cerca,
un trueno finalmente atronador
que retumba en cada cuarto vacío
y en este único cuarto iluminado
donde trabajo a medianoche.
Truena y no tengo a quién calmar
lo que por un segundo se parece
a no tener quien me calme. Pero no.
Una madre se recompone pronto
aunque los hijos estén en su otra casa. 

Amplían fotos en un chat

Mi padre manda fotos de Brasilia.
Dos días después vemos La Paz
desde su habitación de hotel.
En el medio pasó por Buenos Aires
y nos saludamos por teléfono.
¿Todo bien? ¿El trabajo? ¿El avión?
Fotos de San Francisco.
Fotos de Honduras. De Vancouver.
Se mezclan verde y árido
y enseguida se mezclan blanco y cristalino
desde una y otra y otra
ventana en piso alto. Conozco
Toronto a través de su relato,
(lo puse en un poema, la di por conocida).
Mi padre viaja por trabajo.
Por el trabajo que es vivir,
mi padre viaja. A nosotros
nos hace sentir quietos
casi inmóviles
tanto despliegue paterno
incluso a sus setentaipico.
A contrahora nos llegan las imágenes
y nos decimos ¿todo bien?
¿el trabajo? ¿el avión?
¿Es correcto que estemos
siempre acá donde estamos?

El taxi para en el semáforo

Mi hija duerme.
Estoy rodeada por el viejo barrio
al que hace veinte años que no vuelvo.
Tiene una estructura casi igual
pero muchos de los signos han cambiado.
El presente no llegó completo.
Voy contando balcones hasta el séptimo
y ahí me poso, me permito descansar
un momento porque sobre esa casa
sé todo menos quién vive ahora.
Mi hija es casi adolescente.
Apoya la cabeza en la ventana.
Cierra los ojos sin tensión.
El auto arranca.
Cuando cruzamos Juan B. Justo
llego a ver en la pared de ladrillos
al costado del balcón, el tiraje
de la Eskabe empotrada.

Leyendo a DL en el 108

Acá estoy:
cincuenta y un años
cruzando la noche hacia el centro
en un colectivo vacío
con un libro comprado por error
que sin embargo
durante un rato
me explica entera.


Laura Wittner nació en Buenos Aires en 1967. Es Licenciada en Letras, coordina talleres de poesía y de traducción y trabaja como traductora para diversas editoriales. Sus últimos libros de poesía son Balbuceos en una misma dirección, La altura, Lugares donde una no está – Poemas 1996-2016 y Traducción de la ruta. Algunos de sus libros para chicos son Veo Veo, Dime cómo vuelas, Los entusiasmos y Tengo un hijo alto. Tradujo, entre muchos otros, a Leonard Cohen, David Markson y Anne Tyler. Recibió el  primer premio en el IV Concurso Nacional de Poesía de Tandil, el segundo premio en el Concurso Hispanoamericano Diario de Poesía-Revista Vox y la Beca Fulbright / Fondo Nacional de las Artes, entre otras distinciones.