Muestra de autores jóvenes (primera parte)

Víctor Campos

EL BOSQUE HERIDO

La madera enterrada no posee voluntad.
Ella crece, mientras hombres dormitan bajo cirios
inútiles que nada abrigaron:
Respirar humo fueron sus plegarias.

Afuera los diarios se llenan de muertos.
No hay paz en la tala de aquellos nombres.
La sangría asesina les oculta su piedad
y sólo un sonido lame sus bordes.

Yo tallé apellidos en el cofre humedecido.
Oía gemir a cincuenta lenguas
del hereje convertido a cristiano por el fuego.
Posé el cráneo sobre su cuerpo soñado.

Así la enfermedad ingresó a las edades.
¡Ah! Ni el leño cárnico agrietado,
ni el esqueleto del error en la pierna vacía
conjurarán danzas como sacrificio.

No se alimentarán los árboles de los cadáveres,
mas sí se mutilará solitaria la fiebre.
Y los hombres despedirán suspiros
cerrando abruptos su clarividencia.

SORNA

Algo se derrama por el cuero de la carne.
Algo hay que desgarra como icor
cayendo entre nervio y nervio,
ardiendo allí donde la ojera fenece y nace.

Señor, una herida he nutrido,
y con ella al deseo que sepulta mi victoria.
               ¿Quise una vez un sueño?
Mis torpes garras bosquejan un retrato
que quisiera heredar en el silencio.

Amputado, sé que yaceré
a la voluntad de unas cuantas moscas.
Sin palabras, sin voz siquiera
que pueda mendigar un perdón.

Sólo un llanto
aunado al arroyo seré.

INHÓSPITA

Hubo noches en donde escuché lenguas extrañas
Sosegado las oía en el huerto de las vides de una casa
Balbuciendo estigmas que mi cuerpo cuidaría
¿Eran crías de hienas o vástagos de sombras?
          Era vano preguntar

Descalzo, vagaba cubierto por pieles y pieles de niebla
Mi labio curtido tocaba las arterias en lo obscuro
Carne del lenguaje que acaricio y que poseo
Entre las manos agrietadas de una muerta
          Que una vez quise a destajo

Cuánto semen doné sobre el dorso de la madre
Como tributo por su calostro besándome la boca
En mañanas donde la orina se convertía en agua bendita
¿Quién preguntará por mi palabra? ¿Quién por mi desnudez?
         Solo entre la mudez y las sombras
                                                                    Hablaba

Hubo frentes que salieron con su marca de ceniza
Un linaje de hombres sin dios augurando diásporas
Adiestrando jaurías en el marmuerto
¡Ah, algo ardía desde la umbría de la garganta!
         Algo que era de raíz y de tumba
                                                                Y me quería

Mas no noche, no día. No hubo vida que ver
Era de un santo la mano que señalaba
Hacia un bosque amamantado por oraciones inconclusas
Ellos bocas como grietas que hablaban sacrificando
Ellos hijos del labio herido de dios
             Herederos de la sequía
Así creí conocer grietas que besaban
Que rezaban por la piel negra de los vivos
Y un sueño develaba entonces la noche en agonía
‒Hay que salvar la noche, la noche de la guerra
           Que revela lo cegado por la luz nuda

Cómo regresar al sendero que dirige el latido sosegado
Si el gozo reside en mis pies que palpan lo oculto
Si el deseo que erige mi cuerpo ballestero ahora se prolonga

Ah, ya mis ojos yacen conversos cual cuencas de lágrimas
         He aquí la vida, el hogar y la agonía del morir

          He aquí la vida recomenzando

Cristóbal Godoy

Noche, notte, night.

Ya no vamos a hablar
de este amor podrido,
ni de esos bailes
solitarios y tristes en
el desván,
no vamos a hablar
acerca de esas odiosas
cartas de amor que nos
dedicamos
mutuamente
durante años,
durante siglos,
no, ya no vamos a hablar
ni siquiera de ese día
en el que te vi en el espejo
mientras mi mirada
se quebraba al mismo
tiempo que la tuya,
o cuando insistentemente
me pediste que te recitara poesía
con unas cuantas copas de más.

El fantasma del cuervo.

En una noche de estas que te aceleran el corazón, me encontraba tranquilamente leyendo un libro que embelesaba hasta el alma en un parpadeo, los gritos de socorro inundaban mi corazón como el más feroz de los maremotos, la cafeína negra me mantenía atento a la caminata de las ovejas, ¡qué más daría yo por estar ahí! el canta de las aves, los gritos, el frío que atenazaba mi cuerpo vestido con jirones, los recuerdos que me carcomían el cerebro y tu fantasma volvía a aparecer, ─¿¡Qué debo hacer para olvidarte, oh, espíritu maligno que acecha mi consciencia incluso en las más tiernas noches!? ─ El fantasma seguía ahí, me susurraba como el graznido de un cuervo, ─¡Ve detrás de mí, Satanás! ─ Exclamé con toda mi furia, pero seguía susurrándome. ─ Muerta y olvidada, ¡ay, señor apiádate de esta alma! ¡una temporada en el infierno sería más excitante que una noche aquí contigo, Erató! ¡Vete, vete muy lejos! ¡Donde las aves no puedan cantar y los árboles crezcan de cabeza! ─ Me susurraba más y más fuerte, hasta el punto de hacerme sangrar los oídos, grité, mas nadie vino a verme, la locura se apoderaba de mí hasta que el fantasma sacó una navaja y me cortó la lengua, me apuñaló los ojos y caí al piso, ahí fue donde entendí que pase lo que pase, ella me perseguiría para hacer más infeliz mi vida en este manicomio donde caí gracias a su tierno sexo. En el piso, comprendí que era mi final, mientras ella me seguía susurrando como el graznido de un cuervo.

¡Habrá poesía!

en versos que dedico a la luz de las farolas,
en las señales de PARE en un cruce,
en los Pasos de cebra donde cada luna
sangrienta hay carnaval,
en los árboles que me lloran sus hojas secas
que al intentar abrazar, gimen de dolor,
en las palomas que picotean y pelean por mi
cuerpo de pan,
en los edificios que besan a las nubes y
estas les corresponden con besos sabor a
ricina,
en los asientos de un parque donde miles de
personas han intercambiado microbios,
en las cerámicas con charcos de lluvia en las
que se refleja mi alma,
en los automóviles que transportan sueños y
melancolías,
en los basureros, donde basura comercial
comienza a fermentar,
en las ventanas, donde parejas hacen el amor
apasionadamente y sin pudor,
en la Gran Concepción,
donde poetas sin rostro se amamantan de
paisajes y palabras.

Bestiario

Puedo como una serpiente, arrastrarme
Hasta encontrarme tus pies,
Puedo viajar hacia el amor,
Antes que caigan las hojas,
Puedo dormir bajo la cama de la angustia,
Y despertarla con un soplido silencioso,
Puedo tocar tu alma con un touché
Para descubrir qué hay detrás,
Puedo vomitar mis órganos,
Hasta quedar vacío y ver si cabes tú,
Puedo dar de comer a la inspiración,
Hasta enamorarme de la cerrazón,
Puedo conquistar a mi corazón,
Para así escribir ventanas y no espejos,
Puedo volver a nacer,
Y derramar vagidos como un enfermo,
Puedo caminar en mitad del invierno,
Para soportar el frío del puerto,
Puedo colocarme una escafandra y sumergirme,
Ir más allá, donde me espera la esperanza,
Puedo masticar mis dedos y oír voces,
Hasta convertirme en un orate,
Puedo jalar el gatillo y atravesar mis sesos,
Para poder dormir y así soñar,
Puedo sumergirme más, buscar una señal
Apretar más la soga, tanto
Como para arrancarme los ojos,
Pero lo que no puedo, es quitar las cadenas
A esta bestia deshambrida que poco a poco
Mastica y saborea mi carne,
Juega con mis huesos,
Y me deja cada vez más ciego

Víctor Campos Donoso nace en la ciudad de Iquique en 1999. Participó en el taller Gimnasio de Poesía dirigido por los escritores Juan José Podestá y Roberto Bustamante durante el 2017. Resultado de éste fue la antología Implosión: cinco jóvenes poéticas en Iquique, en donde será incluido. Posteriormente, en 2018, formó parte del Taller de Poesía de la Fundación Neruda en La Sebastiana, dirigido por los poetas Ismael Gavilán y Sergio Muñoz. Actualmente, cursa el tercer año de Licenciatura en Literatura Hispanoamericana de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y participa como colaborador en el proyecto Fondecyt «Poéticas postdictatoriales. Memoria y neoliberalismo en el Cono Sur: Chile y Argentina», dirigido por el doctor Claudio Guerrero.

Cristóbal Godoy nace en la época de primavera en Talcahuano, un 8 de noviembre del 2001. Su interés por la literatura apareció gracias a su profesora de educación básica. Desde el 2015 comienza a sentir algo por la poesía, lo cual le llevó a publicar una pequeña plaquette llamada «A riesgo de parecer miserable» junto a la editorial Cola de Gato en el año 2019. Ha organizado dos micrófonos abiertos en la Biblioteca Viva del Trébol y también hizo la presentación de su plaquette en la misma biblioteca. Es egresado de cuarto medio y aún no sabe qué estudiar. 

Imagen de la cabecera: El gato del Mediterráneo de Balthus (1949)