“Noticia en Desarrollo” de Marcelo Charlin (crítica de Cristian Rodríguez)

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Noticia en Desarrollo, de Marcelo Charlin 
Santiago, Pequeño Dios, 2019
(Disponible online)

Hoy en día, no es común encontrarse con un escritor “secreto”, pero los datos sobre Marcelo Charlin son escasos no sólo en papel, sino también en internet. Lo poco disponible afirma que es arquitecto y doctor en sociología, que ha ejercido varios oficios –como profesor, taxista y vendedor de mermeladas–, que vivió en un departamento de cincuenta dólares en Nueva York, donde le enterraron un cuchillo por la espalda, que perteneció a la Tribu No y que ha publicado sólo tres veces durante sus más de setenta y tantos de vida: en 1968 en la revista El Corno Emplumado, en 1972 en la antología Deliciosas criaturas perfumadas, y en el año 2019 con el poemario Noticia en Desarrollo

En La memoria: modelo para armar (1991), de Soledad Bianchi, Coca Roccatagliata lo caracteriza, dentro de la Tribu No, como “el arquitecto del grupo [que] además escribía”, “era el más aterrizado […] era bien ordenado, metódico, y siempre mantuvo su carrera”, en una época –recordemos– en la que varios dejaron sus estudios para buscar otro destino. No fue el caso de Charlin, quien prosiguió con su vida profesional incubando poemas en secreto, mucho después de su incursión en el hippismo: cuando era miembro de un grupo de jóvenes que miraban a Chile como un “paraíso terrenal” o “una isla en medio de un planeta convulsionado”. Años después, algunos integrantes de la tribu siguieron siendo artistas. Otros siguieron adelante con sus carreras. Las pocas fotos de Charlin, en la actualidad, lo muestran con vestón y camisa, hablando en exposiciones académicas, con una mirada atenta y lejana a la vez, como todos quienes escribimos y nos dedicamos a otra cosa al mismo tiempo.

Algo de esa historia se encuentra en sus poemas. Transgresión y recuerdo son dos palabras que figuran en los epígrafes de Gianini y Buñuel, al inicio de Noticia en Desarrollo: su único libro publicado hasta ahora. El poemario es presentado como notas de su diario de vida. Se trata de una colección de textos, según su autor, “buenos”, “no tan buenos” y “malos”, en un disfraz de inconsistencia que es sólo un gesto de falsa humildad, ya que, además de tender hacia el verso, sus poemas tienen una escritura cuidada y consciente, demostrando una gran habilidad para las notas del registro coloquial: un recurso que muchos adoptan, pero pocos dominan. En ese sentido, ningún diario podría moverse así de bien entre lo banal y lo rotundo, entre lo lírico y lo doméstico, con cierres tan simples –y significativos– como “ve tú”, o “un abrazo fuerte”, y el lirismo de un poema que finaliza “con el alma en llamas y llena de fantasmas”. Ese carácter supuestamente espontáneo y azaroso de sus textos no es más que una mentira blanca.

La poesía de Charlin parece sencilla, y digo parece porque está escrita con recursos muy conscientes, urdidos bajo el carácter despeinado de sus observaciones: la cuidada disposición de los versos en La Cuevita, la estructura del cuento corto en La Rueda del Tiempo, y en general, mediante el diálogo impecable entre los poemas y sus títulos. Se trata –no olvidemos– de un libro que tomó cincuenta años en ser escrito. Y esa paciencia, se nota. Sus temas, por otra parte, se mueven entre el vacío, el sexo y la música; las trampas mentales y el presente en la vejez. O sea, en los remanentes de un vitalismo tras el cual quedan la soledad, la contemplación y el goce interrumpido. Visto así, la poesía de Charlin se emparenta –cómo no– con la de Claudio Bertoni, pero hasta cierto punto. Mientras que Bertoni se conforma con la trivialidad y la anécdota, Charlin profundiza en la cercanía de aquellas revelaciones que no pueden señalarse; relacionadas, en general, con la muerte. Invocando, para ello, el memento mori y la consciencia repentina del paso del tiempo, en un instante “infinitamente corto / o infinitamente largo”, donde el recuerdo de la propia finitud aparece de improviso, cuando estamos frente el espejo, mirando una película o sentados en el escritorio. Impresiones que uno tiende a experimentar bastante en la realidad, pero rara vez en la poesía.


Cristian Rodriguez Büchner (Valdivia, 1985). Poeta y narrador. Profesor de lenguaje y Mg. en Literatura Hispanoamericana. Editor y columnista de revistaelipsis.cl. Ha publicado Lluvia de Barro (cuentos, 2012), Caligrafía del Insomnio (poesía, 2017) y 19 poemas (2020). 

Agradecimientos a Raúl Goycoolea por la fotografía de la cabecera (lapalabraquebrada.cl)