“Rutas interiores” de Manuel Oliva

Río Puesco
 

Mientras el polvo entra por la ventanilla
Me pregunto si alguien más viaja con este nerviosismo
De juntarse con una gata desconocida.

Miro los rostros y todos tan confiados, conversando
Sobre los cambios del tiempo y el verano
Hoy llueve, dicen, hay que arroparse
Yo voy con una guayabera y lentes de sol
Al parecer soy el único extranjero.

Miro mi rostro, por el reflejo de un celular roto
Y nadie puede sacarme los ojos embobados.
Me río solo, hablan del amor de acuario.

Voy pasando por villas y pueblos morenos.
Uno se llama Catripulli – zona mapuche.
Dijo después el conductor que me trajo de vuelta.

Él me habló de su juventud malgastada
También me preguntó
Sobre qué hacemos los antropólogos
Para variar, le dije cosas que ni yo me creía.

Durante el trayecto me llamaste, tu voz se hizo sentir.
Nervios, el pecho, respiré:
Dónde vienes / nos vemos en la plaza de Kura.

Antes me habías pedido provisiones
Que llamaste samsaricas:
Tabaco, vino, marihuana y 1 chocolate,
Según así le decían los niñes de la montaña.
También llevé un saco, dulces y libros.

Esa noche, al interior, descubrimos lo que teníamos
Un chimpancé y un dragón: por mi caminar,
Por tu intensidad el segundo. Nos reímos.

Bajo las estrellas nos tatuamos el cielo
Escuchamos los secretos que traía el río
Ahí permanecimos entumecidos pero abrazados
Con la peineta del tiempo rozando nuestras cabezas.

Todo ocurrió en la incertidumbre del bosque
O en la libertad de lanzarse a los caminos:

¡Juro que nuestros ojos parecían ser distintos!
Que tu abrazo a la araucaria conmovió mi alma.

Sabes, me importa un carajo la mesura:
Volvería a tomar cualquier microbús rural
Con tal de perderme en tu cuello.

Si ya escuché las blabladurías del mundo
Y sigo queriendo ser, a pesar de todo: yo mismo
Un sueño rojizo, como la llama que no se apaga
Afuera de la carpa.

XXXXXXX
 

“Vuelo con la trayectoria aleatoria de un ovni”
Piezas

Tú caminas nostálgico fumando un cigarrillo en un día de agosto nublado, mientras por tus audífonos tristes suena daydreaming de Radiohead. Una imagen desolada, de una época distópica sin lugar. Te dicen: no te caigas y tú te caes, te dicen, esfuérzate y tú te miras una noche borracho en el espejo, con la mirada turbia, justo antes de mandarte el jale que te mandó a la luna solitaria, donde tú y el frío se volvieron uno, y se hizo cada vez más claro que no hubo coraje para someterse a la monotonía del mundo, porque te pareció pueril; siempre insulsa y vacía. Te quedas un domingo con tu ropa oscura tirado en la cama, viendo las murallas ficticias y reales que te separan, viendo los nudos ficticios y reales que se esconden al amor, creyendo que lo insoportable es lo único, es lo que toca. En una mañana desastrosa te tiñes el pelo, luego te fumas un pito y la pálida te golpea en una ciudad ruidosa donde todos te parecen iguales, y molesta caminas (o escapas) hacía un lugar que sí es lugar porque tiene plantas y flores, y las hueles y pareciera que vuelves a tener esperanza, aunque siempre termina solo en un lindo momento y no en la situación importante que permita dar un salto en esa personalidad que odias, un salto hacía la otra vereda donde no se infunde el miedo. Y así te ciegas, te lloras, te tocas, te avergüenzas. Todo te parece aburrido, exageradamente simple o estruendosamente patético. Deambulas por las calles oscuras donde parece que caminó Bukowski. Te sientas en la taberna donde se emborrachó Teillier. Te desnudas en la misma flor oculta que pareció ocupar Pizarnik, y te lo crees, porque eres SAD y DANGER. Un espíritu mundano de culto, anti toda la superestructura capitalista y misoginia aberrante, un alma viajera que se desliza con un ácido bajo la lengua, buscando la formula a las grandes inquietudes arriba de un conejo fosforescente. A fin de cuentas, cuando estás totalmente lucido te das cuenta de quién eres. Sabes que buscas apreciar y no apresar, conocer y no poseer. Buscas gritar sola en un monte florido, con horizonte cósmico, manchado de arcoíris, con la fauna y flora afuera de tus pies. Sé que en el fondo eres tierna, buscas el enraizado mágico: ¡Que las luciérnagas sean tus ojos! Y como un felino salvaje, estando solitario, te acurrucas a las orillas de un lago. Sé que en el fondo te duele la vida, por eso te ultrajas y no te privas de crear. Quieres cambiar la realidad, pero no tienes idea por dónde empezar. Y lo entiendo, porque eres de mi época rabiosa, o sea pertenecemos: somos. Vivimos el ruido. Porque eres tú y soy yo corriendo, de toda esta mierda intragable, repleta de cuervos. Cuando nadie creyó y todos se fueron a sus islas a fumar opio. A sus islas del vacío eterno. Nosotros trepábamos, dejando atrás el manicomio en ruinas.

Otro lunático del Abya Yala
 

Besa las hojas del tiempo y enséñaselas al universo
Camina por la ciudad moderna rechinando a Chet Baker
Sobre la espesa ruralidad y adolescencia insólita:
Ellos quieren comerse los poemas y despachar la historia

Sus lenguas engullen la mentira en la ribera del río
Queman los papiros / sonríen con ojos de (a) Marte.

En su instante nada y todo significa
No creas en la violencia televisiva:
Llevan el albor dentro de su espíritu Saudade.

Él ama con sus ojos de luciérnagas:
Tiene un sueño del Brooklyn.
Recorre todos los laberintos, las villas, los pueblos
Ciudades impertérritas, mágicas, barrios de la miseria.

¡Imagina una torre de luz sobre el espacio!

Poderosa energía: el poeta ninja del callejón del centro
Va chorreando su meado sobre un tag del año 2001
Otro lunático del Abya Yala: Butterfly Kid or Bee Young
Tú lo distingues: Musa de los suburbios.

En ese sueño voy lanzando el freestyle
Entre los descargadores de papas, orgulloso
Enamorado de ukeleles songs y de su brisa marina
Por un pasadizo de lechugas frescas, vibro la vida
¡Leyéndoles poemas a los perros, me rebalso!

Solo veo champurria en mi horizonte
También veo estrellas fugaces que me impactan

Pero me reconozco entre los ojos azules,
De un vagabundo, siempre con respeto 
Soy su palabra que no calla, su olor 
Andar de amante con los parchecuritas. 

Al otro lado del charco, soy una diáspora del fango
Escuchando a Beirut y repitiendo un mantra
Con bailarines delirando en la madrugada
Luego de haberse tomado todo el vino.

Somos sueños de fuga, un despertar exhausto, desnudos
Con la ciudad tatuada sobre nuestro cuerpo romántico:
Con su sueño subalterno, naciendo desde el ruido.

Camino de piedras
 

Viajes lunares somnoliento
Con música ranchera en la radio
Por una carretera inclinada
Con naves espaciales volando. 
Entre la humedad y el viento 
Los focos rojos titilan la ruta
Anfibios manejan bichos enormes
No vuelan mariposas, tampoco grillos
Solo murciélagos y pájaros nocturnos
Pueblos mágicos se aparecen
Se despiden con más lluvia:
Pasamos por Lautaro. Aquí amé una chica.
Árboles muertos, millones de ellos 
Dos, tres, cuatro, treinta sueños viajan
Los amantes de las manos se agarran
De fondo hay ronquidos, bebes dormidos
En rostros jóvenes y hombres de familia
Hay sueños, cristales, promesas
Dos, tres, treinta besos de madre:
Llámame cuando llegues
No hables con desconocidos. 
El tiempo por un instante se dilata
Se abre una dimensión desde el silencio.
Nos movemos a 100 kilómetros x hora
Suena el pitido que nadie hace caso
Todos quieren cumplir. Sentirse queridos. 
Viajamos a Temuco en barco
Imagino un mar de noctilucas. 
Voy solo. Pero me siento imbuido.
Tan parte de, tan: también extraño la casa. 
Mañana hay que subirse a un carro nuevo. 
Lo sabe el chofer, los pasajeros.
Lo sabe el auxiliar, ellos en otra vida fueron malos poetas.

Vivimos en la ciudad y todos perdimos algo. 
Tenemos unas ansias por recuperar
El sueño, la vida, el cielo, la imaginación. 
Por eso inventamos hogares. 
Viajes. Dunas. Obeliscos.

Pero hay algo que aún no conocemos
Hay algo sobre lo que no hacemos caso: 
En nuestro pecho habita una crisálida fosforescente
En nuestra espalda hay un escozor aleteando.

Quiero brillar, como todos
Aunque mañana sea lunes.


Manuel Oliva (Angol, 1992). Reside actualmente en Angol. Es antropólogo (Universidad Católica de Temuco) y docente de la misma disciplina (Universidad Santo Tomás). Formó parte del colectivo literario Ruda, de la ciudad de Temuco. Desde el año 2012 tiene un blog en el que publica alguno de sus escritos: sintimoneneldelirio.blogspot.com Recientemente ha publicado su primer poemario Rutas Interiores con la editorial Tortuga Samurai.