Adelanto de “Enclaustro”, de Ricardo Olave

 

 

Efecto del muchacho típico del salón
 
Escondido entre la segunda y sexta fila
Mientras mira a la pizarra con sus lentes de vidrios gruesos
Viste con la misma ropa hace años
Siempre llega en silencio,
y si se moviera nadie se daría cuenta
No sabe qué se siente gritar
porque su voz está escondida en un panal de abejas
Aunque a veces levanta la mano, menea su cabeza o empuja con sus hombros para  pedir permiso
Llora sin entender por qué caen lágrimas
Come y cena en silencio
y tan solo el choque de los cubiertos
interrumpe su mente, dejando agreste su calma
Ni él mismo comprende
El deseo que se encamina
a conjugar los verbos
A sentir la vibración y los sonsonetes
que están ahí
Buscando un poco de libertad

Perdido en Lican Ray
 
Este lago me hace pensar que puedo estar
en cualquier lugar del mundo
Piso la arena, cruzo hacia el muelle
Mi mirada se pierde en el azul
¿Has visto que el agua se mueve de formas diferentes?
Te desconcentras unos segundos
y vuelve a sorprender
Todo invierno encrudece el corazón
Hacia el horizonte, pequeñas olas se bifurcan
Me aferro al barandal
Cierro los ojos buscando un deseo
y pido que se me conceda algo banal
sentir que estoy en cualquier parte
aunque sean solo unos segundos

Tarde de sábado falsa
 
A la salida de un concurrido cine
Un niño extravía su juguete favorito
No volverá a saber de él
Llorará su ausencia, se frustrará al sentir que no pudo proteger algo preciado
Sus emociones podrían colapsar, hasta que el padre busque un objeto más grande
que llene ese vacío de consumismo que crecerá con los años
Plástico perdido con sentido de pertenencia
que un auxiliar descubrirá
mientras se cuestiona lo asqueroso que es
pisar palomitas que cayeron
de dedos grasosos
de personas drogadas por impulsos de energía
que fácilmente olvidarán tras cruzar el umbral del salón
El chico mira el juguete con los retazos de luz que asoman por el proyector
Sus ojos se atrapan en los negativos
Mientras sostiene el objeto que no significa nada
Quizás puede dejarlo en el cajón de cosas perdidas
pasan los segundos
y observa al revés los retazos de créditos que nadie decidió esperar
Decide creer que su vida es más que barrer
y que el juguete, que ya pensó donde lo instalará en su fría pieza
llenará el vacío de su oficio rutinario
una tarde de sábado falsa
utilizada para trabajar y no para escribir poesía
como a él le gustaría

Te prometo que lo intento
 
Despierto antes de que suene la alarma y lo primero que hago es mirar al techo
un espacio de conciencia en un lugar físico que nos recuerda que estamos aquí, que seguimos aquí
Cierro y abro mis ojos un extenso número de ocasiones, hasta que el letargo de mi voz que suena en mi cabeza cuando evito pensar me obliga a sacar un pie de la cama
me expongo como presa ante el invierno que tiene de prisionera a mi pieza
Paso una pierna por encima y renuncio al calor, mi piel se transmuta con la escarcha del techo
Me vuelvo agua que se corroe, soy tan solo algo párvulo  y no me importa
Me alejo de todo, de lo que me hacen creer que es importante
Pienso en esto al correr la cortina y veo a lo lejos una araucaria como cápsula del tiempo
Sigue la lluvia, estiro mi cuello y vuelvo a mirar el techo
siento caer las ojeras en mi rostro
y el techo me repite que estamos aquí, que seguimos aquí
Solo quiero parar, se me es tan difícil
Te prometo que lo intento


Ricardo Olave Montecinos. Nació en Temuco en 1997. Periodista de la Universidad de La Frontera. Ha participado en áreas culturales de diversos medios nacionales como El Austral de La Araucanía, LaRata.cl o Culto. Actualmente escribe en La Tercera y es parte del podcast dedicado a temas mapuche “Recado Confidencial Operación Wallmapu”, disponible en Spotify

Imagen de la cabecera: Melancolía, de Edvard Munch (1894).